Aveces, cuando dejo la puerta abierta… Entran los demonios de la Apocalipsis, los hombres con marcas de cifras. Personajes de dolor y ojos dentro de nada, y sus manos pesadas, que no oyen ni se oyen… sin sabor. Con el fuerte olor de la desdicha… observo sus movimientos, sus estados reconocibles como un bloque de cemento. Pretenden escarbar mis entrañas, llenarme de cansancio y abatimiento no procuro esconderme, daré mi dirección frontal, completa. no podran confundirme con sus bullicios, con sus fabulaciones y su identificable mezquindad aquí estoy si quieren vengan por mi, pondré una carnada infalible sangre autentica, mis ojos vivos y abiertos, esperanza.
relatos, textos y poética